sábado, 13 de noviembre de 2010

Llegó ella.

La muerte visitó a una persona a dos cuadras de mi casa. A una persona que abría y cerraba rejas, supongo que  era padre de familia, supongo que quería hacer más cosas que sólo abrir y cerrar rejas.

Al enterarme ésta mañana de ese suceso mi piel pasó de ser lisa a llenarse de punticos o más bien como todos decimos se me puso "la piel de gallina", pues esa persona me había abierto y cerrado más de una vez las rejas, me había sonreído cada vez que pasaba por allí y también me había dicho: "¿Su nombre es Camila cierto?, ya la comunico".

La verdad no sé si le tenga miedo a la muerte, creo que con haber presenciado una ya debería saber si le tengo o no miedo pero, creo que quedé en las mismas. Aunque es un proceso natural, pienso que la vida es tan buena como para acabarla con un sueño profundo, es como cuando uno está leyendo un libro y no quiere acabarlo (bueno, a mi me pasa mucho) o se está comiendo algo rico y quiere que le dure mucho tiempo, en fin, me quedaría dando miles de ejemplos pero ya está más que claro.

Ustedes se preguntarán o por lo menos yo acabo de preguntarme si no me ha pasado nada interesante, ni algún suceso que haya atentado contra mi vida,¿por qué carajos digo que no quiero que se me acabe ésta? pues bien, si lo digo es porque ella me hace sentir, si, sentir, porque creo que no hay nada mejor que sentir las goteritas de la lluvia en mi cara, o el dolor de estómago causado por la risa, o la tristeza y sus lágrimas calientes, o los abrazos que me dejan sin aire, o el movimiento de mis manos, o un quemón en la lengua, o... que va, ya me cansé de dar ejemplos, el punto es que la vida es como el libro, la comida, la conversación, o la canción que al ser tan buenos  no quiero que se acaben.

¿Será que la persona que murió está en el mas allá o sólo queda su cuerpo y esa sustancia rara llamada alma en el mas acá? mmm es una pregunta en vano pues no hay respuesta así que no le boto mucho tiempo a este interrogante porque nunca voy a llegar a ninguna parte.

Si... la muerte llegó esta semana con su traje de luces y su perfume de sangre y olvido, con su cabello peinado por pesares y sus uñas pintadas con deseo. Llegó y le abrió y cerró la reja a éste señor sonriente y aparentemente feliz, pero que por cosas del "destino" (detesto esa palabra, creo que como éste no existe la palabra tampoco debería, así que lo llamaré cicueto) Retomo: (...) pero que por cosas del cicueto lo arrastró a un sueño profundo, a un mundo completamente desconocido, o a ningún lugar, simplemente lo desapareció del mundo de los vivos y lo transformó en recuerdo de unos pocos, en uno de mis recuerdos.


ACLARO: cicueto, no existe, me inventé esa palabra porque creo que el destino es un invento más del hombre entonces, como invento también le puedo inventar un nombre, como decirle a los espaguetis "piaiyo" (así le decía mi hermana)

1 comentario:

  1. La muerte es indecente. Pasa sin permiso, reprime sin razón. Cuando cruza se hace difícil volverla a ver de nuevo.

    Es agobiante su espera para quien conoce de su visita. Pero el mayor peso no recae en su víctima, sino del espectador.

    Aquel quien percibe que algo ha desaparecido. Que la instantánea anda vacía, sin una razón de su ser.

    Pdt. Delicioso escrito. Me hace pensar que para mí la muerte es un tango lento y bailable. Escuchado en un burdel a media luz.

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