domingo, 22 de junio de 2014

De nuevo

La insistencia y la voluntad, nada más que eso.  Dos cosas tan opuestas pero al mismo tiempo tan cercanas. Preguntas con respuestas pero respuestas que nunca satisfacen a quien busca soluciones. Soluciones que ni siquiera remedian aspectos de su vida personal sino que simplemente son situaciones puestas en una mesa como tema de conversación, para poder hacer el rato ameno, para poder emitir juicios sobre actuaciones que están fuera de la esfera de posibilidades que dicha persona pueda llegar a contemplar, igual es para distraerse en el momento y para no tener que hablar de los profundos temores. Es que al ver poco, sentir poco, decir poco, se convierte en una necesidad escuchar y resolver  lo ajeno. 

Dejar de escribir para poder ver las cosas desde otra perspectiva, una muy vacía por cierto, pero al final muy necesaria. Volver a escribir con cierto tono rencoroso pero al mismo tiempo amigable con las letras.

Puede que esté haciendo frío, puede que el ambiente esté cálido, da igual. Empiezo este relato con las conversaciones en un espacio social, con los juicios y las palabras sin sentido. Veo zancudos rondar la habitación y llega a mi mente el recuerdo de aquel día de viaje. Un viaje corto con música que arma una escena perfecta. El sol sobre sus cejas y mi vista en el retrovisor. Las montañas como mantas llenas de retazos y mi mente con un vacío que no he podido llenar y que sinceramente creo que faltan años para llenar. Empiezo este relato pero no lo espero terminar.

La sorpresa. La noticia contada. El espacio que ahora queda para mí, reservado solo para mí, y yo como siempre con lo mismo que decir. Ese recital que ya cansa a todas las personas pero que al mismo tiempo no se cansan de preguntar ni el por qué ni el cómo de mis situaciones. Y no es que crea que tengo la vida más entretenida ni que a las personas les interesa mucho qué me pasa, es que me molesta la insistencia en las preguntas que ya he respondido en algún momento.

En estas últimas semanas los fantasmas de esas personas que uno creía conocer han rondado por mi cabeza y me han cerrado la posibilidad de ver más allá, de conocer, oler, mirar, incluso de acariciar, pero es que eso es lo que hacen los recuerdos; para eso se vive y por más que uno desee eliminar ello, allí permanece, intacto, alterando el sueño, la voz, la vida misma. Sin embargo uno intenta crear nuevos recuerdos que opaquen eso, hasta que se vuelve una lucha constante entre el pasado y el presente. Da igual, se vive así.


Replantear, replantar, remover, reciclar. Comprimirse, contenerse, conservarse. 
Nada más por hoy.