martes, 5 de abril de 2011

Fantasmas en los faroles

Las luces me hablan. Rojo-azul-naranja-verde. Llegan, vuelven, se apagan, se prenden y se pierden como siempre

Estuve pensando en eso de: ¿qué pasaría si…? O ¿por qué nunca he...? y me encontré a esos fantasmas de sueños despiertos, a esos seres que me acompañaron en esos viajes sin regreso, esos recorridos por anhelos y sentimientos desperdiciados, aquellos que me han llevado a mundos tan vivos que a veces los confundo con la realidad.

Sí, ya sé, son “síntomas de locura” no lo repita más.

Hace poco me entregaron un escrito untado de calle, con la voz de los faroles, con mi voz, pero me perdí; entré en una confusión total, de esas que hacen preguntarme acerca del origen de mi voz, de la voz de la luz nocturna que acompaña esos fantasmas. Siempre es igual, cae la noche, piso un andén, me siento, muevo los pies y una melodía se enreda en mi lengua, - paparapapapara y nada más- las palabras se disuelven en mi mente, me conecto con las luces, hablo sola, me río sola y me imagino sola.

No me pregunte qué me pasa, ni por qué no hablo, ni por qué le sonrío a la nada, no sé si usted logre entender la relación que sostengo con los reflectores y mucho menos la relación que tengo con mis fantasmas… es más, usted es uno de ellos, así que, no tiene por qué entender.


Tengo una caja llena de rostros invisibles, de lluvia y callejones dormidos. Escribo acerca de momentos efímeros pero profundos y tiro esas malditas letras a esa caja empolvada y la pongo bajo mi cama, para no seguir viviendo esos mundos, sus mundos.

Me he dado cuenta que ese refugio no ha servido de nada, que esas historias han perdido su tiempo y me han robado el mío. Esto de hacer catarsis en realidad no tiene mucho sentido para mí, no me ha dado soluciones, no desaparece esos fantasmas, no quema los mundos, sólo deja esa caja como evidencia de mis sentimientos, esos que nunca demuestro, que no sé cómo demostrar.

Eso pasa cuando escribo pero, cuando estoy con las luces llego a un punto que me llena el estómago de una sensación tan perfecta que mis palabras no alcanzan a describir, siento que mi cabeza vuela y el resto de mi cuerpo desaparece como partículas unidas al frío de la noche. La atención que tenía es robada por las luces, y no es que no me interese la conversación del momento, es que, ellas me traen a esos fantasmas distractores; a esos malditos y hermosos fantasmas que duermen de día y me besan de noche.


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