martes, 12 de julio de 2011

Llovía

Llovía, y sentía el impacto de cada gota en su cabeza. Caminaba sin rumbo alguno pues, era mejor eso que tener que volver a ver esas imágenes en su mente. Tenía puesta una chaqueta algo desteñida por el sol, color azul, un blue jean roto cuyas botas estaban mascadas por calles que un día lo vieron correr, sonreír y hasta llorar, pero que esta vez su actitud no les decía nada.

Caminaba en ese escenario gris y frío  recordando sus labios rojos y lo bien que lucían con sus tacones. Su nombre lo veía en cada alcantarilla, arrinconado y temeroso y su figura la dibujaba en ese paisaje de paraguas.

Después de inundar su mente con su recuerdo decidió dejar a un lado la figura de aquella puta y seguir caminando. Eran las 5:30 de la tarde pero para él el tiempo estaba hospedado en los charcos.

Decidió detenerse al fin y sentarse contra una pared, no hacía nada más que mirar el suelo y sentir cómo las gotas de la fría lluvia recorrían cada espacio de su rostro. Lloraba sin motivo alguno y le costaba llevarse una lágrima a la boca, porque ésta se ahogaba con las palabras que nunca pudo expresar. Cerró sus ojos y empezó a recorrer lugares nunca visitados, se desplazó como una luz roja en un túnel lleno de puertas torcidas. La curiosidad entonces, entró en él y también en una puerta, al cerrarla vio que se encontraba en un lugar completamente blanco. Gritó y solo consiguió respuesta de su eco, empezó entonces a caminar y a medida que iba recorriendo el espacio esas imágenes se volvieron a reproducir en su mente, imágenes que nunca había podido descifrar y que cada noche le hacían una tormentosa visita.

Aparecían una al lado de otra, sus ojos se retorcían al ver la multiplicación de ellas y le era imposible cerrarlos, hasta que por fin despertó.

Se encontraba en su cama con una cobija que le cubría sólo hasta el ombligo, miró al lado el reloj de su mesita y vio que eran las 11:30 de la noche, se paró y se dirigió hacia la ventana y observó que todavía llovía.