martes, 3 de mayo de 2011

... por el momento sólo puedo decir que mis ojos se están secando y que mis manos se están quedando mudas, que el agua que alguna vez corrió por mi cuerpo ahora es vapor, que el deseo por lo incierto se recuesta sobre mi pecho, esperando con mi respiración elevarse  y adherirse al cielo, a un cielo que huele a mugre, como esa que regalan por la compra de "felicidad embotellada".


Un suspiro que se disuelve en la habitación me hace acordar esos días -¡qué días!- dónde no importaba pasar noches en vela, noches absurdas, noches tragadas por las alcantarillas y el frío, ese que movía mi boca y le daba un color pálido, que combinaba con las cortinas de la ventana, la pared azul y la colcha que me cubría la cara, esa que no he podido mostrar, que nunca voy a mostrar. 


Las palabras no caben en este lugar, las miradas están bajo el colchón y los pensamientos ahogados con la almohada.



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