Sí, sí, hola Señor Cara de gato.
Mientras me comía el queso que le robé a Inés, me preguntaba cuál era el motivo de tu indiferencia y tus alegrías espontáneas, pero la verdad, todavía no he podido encontrar argumentos para darle solución a este problema, que me trasnocha cada vez que estoy soñando con millones de quesos y cucarrones.
Ayer te vi Señor Cara de gato, y lo único que hiciste fue limpiarte la cara con tus patitas negras y echar un enorme bostezo que olía a pescado, a leche, a pelo, a autonomía, porque algo que de verdad me impresiona Señor Cara de gato, es lo independiente y conchudo que llegas a ser.
Mis enormes y frías orejas se alegraron al oírte, mis bigotes y mi diminuta nariz extrañaba ese olor de tu boca y mis pequeños y negros ojos saltaron de la emoción al verte pero baaah como siempre tú, gordo y peludo Señor Cara de gato seguiste caminando hasta el sillón de Luis.
En realidad Luis, nunca me ha agradado, pues siempre que intento ir por calor al sillón, no hace sino gritar “¡Inés, Inés, una cosa peluda y horrible está debajo del sillón!”, creo que es más grosero que tú Señor Cara de gato, además me dan miedo sus cachetes, pues, aparte de ser peludos son morados, y tienes que entender Señor Cara de gato que gracias a mi tamaño, todo lo veo con un aumento mayor que tú, por lo tanto, sus cachetes los veo como dos manzanas gordas.
Ayer mientras enterrabas tus uñas en el sillón de Luis y te estirabas traté de hacerte la visita, pero mientras subía ese enorme sillón, tú ya te habías echado a dormir, así que decidí ir a la cocina (para ser más exacto al frutero rojo que tiene Inés al lado de la nevera), a visitar al viejo Mariano, el gusano que vive en las guayabas que trae Luis del patio, pero fue imposible hablar con él, porque el pobre se está volviendo sordo y fuera de eso, está perdiendo su memoria debido a la vejez, así que decidí mejor irme a mi casa.
Esta mañana pude oler la leche caliente que Inés hervía pues, acababa de pasar el lechero y Luis siempre le pedía el favor a ella de hervir la leche pues tenía serios problemas con la higiene. Yo todavía no entiendo para qué procesan tanto las cosas, yo siempre he comido todo tal cual como lo encuentro, eso sí, los cucarrones prefiero acompañarlos con un poco de azúcar y leche.
El punto Señor Cara de gato, es que te vi esta mañana y me saludaste y comentaste acerca del sueño que tuviste, fuera de eso me invitaste a tomar leche de tu plato y yo feliz acepté, pues, aparte del hambre que me visitaba esa mañana deseaba compartir tiempo contigo Señor Cara de gato, (porque siempre he creído que para nosotros, los ratones, no hay nada mejor que un amigo gato, pues nos puede contar los secretos que hay tras la alacena) pero de nuevo preferiste ignorarme por completo y emprender tu camino hacía el sillón de Luis, así que no me quedó más remedio que seguirte hasta allí. Te empecé a hablar pero tú no respondías nada de lo que yo decía, ni los insultos, ni los chistes, ni los chismes, sólo te limitabas a caminar y a mover suavemente tu cola.
Cuando menos pensé, me agarraste con tu pata y me mandaste para la boca.

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