Pues este es un cuento que escribí para un concurso ahí, pero no me atreví publicarlo antes, de todos modos aquí está:
No recuerdo como llegué hasta este punto. Sé que ese día la luna me esperaba con sus amigas las estrellas, para empezar ese gran trayecto. El grillo, capitán de la noche hizo la señal de salida y sólo tuve tiempo de ponerme mi traje de viaje. Abracé con mucha fuerza mis cobijas antes del despegue y entré a otro mundo en un abrir y cerrar de ojos.
Pues bien, estaba desubicada, los pies me pesaban y no veía nada claro. Escuchaba murmullos y pensé que seguramente eran mis sueños anteriores encarcelados por el despertador. Decidí seguir ese sonido pero un aire denso me dividió en partículas casi microscópicas. Mientras esa corriente se apoderaba de mí, sentía en mi cuerpo un calambre incontrolable, hormiguitas por cada espacio, veía puntos, ojos, colores disolviéndose en mis extremidades. Mi boca sabía a tinta azul y mis uñas eran blandas. Un enorme mar de ideas me bañaba, pero eran ideas que no podía entender, fragmentos de libros que nunca pude terminar de leer y conversaciones vagas que tuve alguna vez en la calle.
Llegué a un lugar donde me convertí en viento, donde dejé de ser parte de ese mundo de mutantes. Lo más raro de todo es que a medida que iba explorando la zona iba reconociendo rincones donde alguna vez dejé de ser yo, espacios con imanes destructores y palabras vacías pero que de alguna manera se convirtieron en una parte de mí, en recuerdos que sólo significan algo para mi mente.
Cuando menos pensé mi cuerpo ya estaba normal, pero algo pasaba con mi voz, al momento de hablar un sonido completamente desconocido me aturdía y si gritaba no sentía nada, ni siquiera distinguía el silencio, así que no me quedó más remedio que correr. Entré por un laberinto oscuro, pero algo me hacía diferenciar las tonalidades de esa pared. Empecé viendo una pintura café, pero tres pasos después se convirtió en rojo y finalizó en un morado. Unas imágenes entraban por mi boca muda y me hacían correr cada vez más lento, mis ojos los sentía crecer y sólo podía ver lágrimas de canciones viejas y juramentos enterrados bajo esa tierra.
Se terminó ese pasadizo pero ese color todavía seguía presente, y eso pasaba porque entré a conocer a la noche. Ella me devolvió la voz y me dijo que había sido un mal chiste de su búho, también me habló muy bien de todos los terrestres y me presentó unas cuántas luciérnagas, me aclaró unas cuántas dudas que tenía acerca de seres extraterrestres pero por cuestiones de seguridad mejor ni les cuento. Lo más raro de todo es que yo me imaginaba a la noche como una mujer gorda, con una mascarilla de aguacate y diez rulos en su cabeza, pero era completamente distinta; delgada, alta y de cabello liso, no usaba pijama pero tampoco tomaba café para mantener despierta.
Lamentablemente las estrellas se dieron cuenta que yo estaba allí y por orden del cielo me llevaron a una isla completamente desierta. Allí empecé a sentir calor, un calor que me hizo quitar la ropa y lanzarme al agua, pero ésta también estaba caliente. No conseguía enfriarme, ni siquiera había brisa. La temperatura aumentaba, me penetraba la piel y me hacía nadar más, como si de alguna manera fuera a encontrar una parte fresca. Me hundí y nadé hasta llegar a la profundidad pero todo se volvió oscuridad de nuevo, entré en un sueño dentro de mi sueño y al despertar de él sólo vi ojos y manos y escuché una voz que decía: “ella es, ella es, pero silencio, que el capitán no se puede enterar”. Restregué en mis ojos mis manos para ver más claro y vi unos seres muy extraños, eran como animales; brillaban y tenían unas enormes escamas, además estaban inundados de bocas. Sus ojos eran demasiado pequeños, casi como dos cabezas de alfileres, pero eran los que los hacían brillar y tenían tres antenas que los hacían escuchar. Uno de estos animalitos se me acercó y me preguntó por qué estaba allí, si mi lugar era ese barco que hace millones de años se había hundido, pues bien, yo no entendía nada, ni siquiera me cabía en la cabeza la idea de estar escuchando y entendiendo claramente lo que una especie como esa me decía. Me distraje y cuando menos pensé todos ellos se adhirieron a mi cuerpo y me trasportaron a ese viejo barco, lleno de mugre y basura.
Cuando me entraron pude ver al capitán, o por lo menos lo que quedaba de él; era un esqueleto con tres pelos, una enorme pipa y por su puesto una pierna de palo. En su mano todavía llevaba una parte del timón y en su cráneo hueco la idea de tierra firme. Con mucha fuerza, me agarró de los brazos y me empujó a una especie de calabozo oscuro, cerró el candado oxidado y la llave se la entregó a uno de los animalitos. Muy asustada y con un paso lento decidí irme hasta lo más profundo pero de repente choqué con algo, una luz tenue se encendió y pude ver todos mis miedos y alegrías, además me encontré con aquellas utopías que ese capitán se había encargado de desaparecer. Vi cómo la felicidad hablaba sola, el amor por ejemplo no sólo volaba si no que manchaba de rojo todo lo que tocaba, la paz se había rendido y además había engordado.
Solamente conseguí calmarme cuando me senté en un baúl viejo que encontré. Cerré los ojos y sentí que mi estómago se llenaba de agua, que me ahogaba completamente y que iba a morir. Todas mis utopías me rodearon el cuerpo e ingresaron suavemente por mi boca; sentía como cada una me completaba y me hacía sentir bien, libre de todos los enigmas que paseaban por mí, libre de toda esa basura que cohibía mi pensamiento, mis acciones, mis sentimientos. Me elevé como una burbuja de jabón y al explotar empecé a sentir mis cobijas, mi almohada, mi cama y un pito que cada vez aumentaba.
Sí, dije que no recordaba cómo llegué a este punto en que mi sueño quedó atado a mi subconsciente, en dónde no queda más que soñar para ser yo. No recuerdo como todos ahora hacemos parte de una sustancia homogénea y cómo ese patrón rompe las palabras diferentes, tilda las miradas como locura, y corona a la indiferencia, de lo único que me acuerdo es del color de mi pijama, y de las ansias que tenía del viaje al centro de mi universo.
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