Parado, sentado, tal vez caminando, no sé.
Cuento los botones de los abrigos que algún día quiero
tener. Cuento las bocas besadas y las veces que mis dedos caminaron por ellas.
Miro mi cielo, que no es más que cemento y pisadas desesperadas y recuerdo las
veces que yo he ignorado, que me ha encantado ignorar y entonces siento su
mirada perdida y mis no-ganas de afecto.
Vi un charco negro y me acordé de ella: la noche, y entonces
pensé lo rico que sería echarle agua y verla como es de verdad, pero dije que
era mejor seguir como si nada porque jamás me ha importado; es más, creo que no
me ha importado nada más que yo.
Sacudo mis bolsillos para saber si aún queda el sabor de sus
palabras, pero solo encuentro las mías, que son ácidas al principio pero que
con el paso del tiempo empiezan a ser amargas, tanto, que termino siendo igual
de ignorado y me sigue dando lo mismo.
Son piernas, nada más. Son personas, hasta ahí. Son besos,
saliva y ya. Lo que no entiendo es el porqué de sus actitudes; es una cuestión
demasiado compleja para mí, y entonces empiezo a odiar sus torpes movimientos,
haciendo como si nada al actuar pero con el bombillo de su consciencia
encendido y todo esto para esperar ser
vistos como desprevenidos.
Me encuentro mirando mis zapatos, pensando que tal vez
llegará el día que alguien reciba todo mi cansancio y que junto a éste todos
los suspiros, que como siempre he pensado, son el ventilador de mis ideas. Algo
fundidas por cierto.
Pensar en la soledad, y ver eso como un estado nada más;
sentir el sube y baja de las emociones en mi estómago, como el momento en el
cual siento la misma sensación de susto y la contracción de mi abdomen cuando
sueño despierto, cuando por lo menos sueño. Pensar que hay montañas de colores,
que hay árboles de limones y sentir en mi boca la pesadez de mis palabras.
Expulsarlas. Ver la cara de amargura. Seguir parado, caminando, no sé.
He querido hablar desde hace mucho tiempo de un tema que me
inquieta, la lejanía. Pero para entrar a hablar de esto, o por lo menos de una
considerable distancia hay que entrar a preguntarse el fundamento o lo que hace
que tal kilometraje se vuelva peor; claro está, que para quienes están
enamorados la distancia hace que su relación sufra de una distorsión que unas
veces es deterioro, pues al hablar de un concepto tan material como la compañía
o de un vehículo, se entra a profundidad en el tema de la posibilidad, la cual
está ligada un 80% a un “nunca”.
Pero dejémonos de enamorados, que bastante los he odiado y
que por suerte no he hecho parte de ese conjunto; me conservo intacto en ese
tema y mi cabeza no se ha desprogramado debido a ese estado.
Estoy sentado porque soy un perezoso, pero además, porque la
perspectiva que tengo desde acá me hace ver a las personas como otros seres,
esos que son grandes y bobos; porque hay
que aceptarlo, la grandeza en la naturaleza no significa poder, más bien
idiotez, como los leones y los elefantes. Por supuesto es más astuto el
primero, él se come al ratón y al mismísimo elefante mientras que el otro no
pisa el ratón sino que corre.
Sin embargo hay días perezosos como el de hoy, días que
prefiero ser grande y bobo y hay días que prefiero no ser, destilarme en el
agua o ser motas que vuelan en el viento. Que no tenga que pensar, ni ver, ni
palpar; que por fin encuentre una
lejanía entre el ser y la materia, y precisamente de eso quería hablar: quiero
ser solamente nada y estar en la boca de todos cuando ponen un ejemplo. Quiero
ser distancia, polvo, ausencia de pensamiento, solo ser nada, existir siendo
nada; dentro de un conjunto que las personas grandes no logran identificar por
medio de sus sentidos, como la partícula de oxígeno incrustada en el impulso
para hablar, ésta que no se puede sentir pero que se sabe que existe.
Ser el motivo de dichas o no, como lo es la distancia,
romper corazones o llantos porque es cierto que las rupturas siempre son buenas
(o algo hay que verle de bueno). Quiero ser la pequeña distancia entre un beso o
ser enorme y larga como la timidez después de éste.
Quiero ser la separación compañera de la soledad, pero
también la amiga de la intriga, la que está de los pies al suelo o la que es
tan delgada entre la vida y la muerte. Sí, el tema de la distancia es cosa
seria pero atractiva, como las miradas que son cercanas y bizcas o las lejanas
y misteriosas. Todo está compuesto de ella,
como la que hay de letra a letra, la de mis manos en las suyas, del líquido a
la garganta y así.
Es que en el momento de sentir, de ser con alguien más, todo se complica para mí, es por eso que prefiero ser la ayuda o la desgracia no el necesitado y el triste.Mantenerme alejado de las emociones e ignorar el afán de las personas por saciar los deseos emocionales. Tal vez puedo ser un árbol, el único conectado con la tierra, con lo real, con la historia y mi cosecha no puede ser otra que limones, los frutos destinados a la amargura de las palabras y a las profundas expresiones de desasosiego.
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