Entra al callejón de la 126, busca las llaves en su bolsillo, abre la puerta, deja sus cosas a un lado y se dirige hacia la biblioteca, encuentra un buen libro, lo deja en la mesita de noche y va por un buen vino.
Después de arreglar su cama, se sienta en ella, abre el libro y encuentra escrito en una de sus páginas:
“Entra a un bosque, y en éste solo hay gritos, olores fuertes y sangre, hay sufrimiento y dolor, Juan camina y sigue caminando hasta que se cae, y le es imposible levantarse, un dolor muy fuerte lo invade, examina su cuerpo y se da cuenta que su pierna no está, grita, huele, y ve la sangre, sufre y está adolorido. Juan hace parte ya, de la decoración del lugar, mira a su alrededor y lo que se suponían que eran arboles ahora son personas igual que él. Juan ya no puede hacer nada, ya es una parte de este bosque.
Mientras tanto, el dueño del bosque se encuentra en su cálida oficina, con sus obedientes secretarias y su noble asistente. Don Ramiro, como lo conocen en el pueblo, se encuentra pensando e ingeniando la manera de hacer un bosque compañero a éste, pero no le encuentra ni forma ni textura. Él recuerda que el bosque pasado ya estaba cuando llegó al poder, y también recuerda que la única manera de hacer otro bosque es preguntándole al dueño pasado cómo fue la construcción del bosque #1, pero lamentablemente para don Ramiro el señor murió.
Entra una chiquilla con su muñeca al bosque, canta y baila la pequeña, hasta que siente que algo la arrastra, le coge fuerte su pequeña manito y no la suelta, ella grita en todo el recorrido hasta que por fin para y siente que no se puede mover, examina su cuerpo y se da cuenta que su mano falta, siente de repente un dolor insoportable. La niña se da cuenta que le brotan raíces de sus pies, y de su cabeza salen un millón de ramas, ella intenta gritar pero su boca ha sido sellada, intenta llorar pero sus ojos se han secado, ya no es una niña, ya es un árbol más.
Don Ramiro duerme, en su cómoda cama, en un colchón que lo hunde hacia otro mundo, unas sábanas que son su ropa y una almohada que es su mente, pero algo despierta a este señor, un recuerdo fuerte, don Ramiro mira a su mujer dormida al lado, junto a ella hay una energía que le pide que lo abrace y bese, una energía incomprensible pero don Ramiro vuelve a dormir...”
El personaje cierra el libro, termina su suave vino y se duerme.
Al día siguiente, le cuesta mucho trabajo despertarse, empieza por su suave y no muy agradable boca, luego por sus pegajosos ojos y por ultimo por sus tiesas extremidades. Se para de su cama, se prepara un café y se baña. Escoge una camisa verde con rayas blancas, una tela fresca para el nuevo día, un blue jean y unas cómodas zapatillas. No se peina, simplemente se toma su café ya listo con un pequeño trozo de pan y sale al pequeño pueblo.
Camina sin parar, cruza sus mugrosas calles, compra en una tiendita el periódico del día y se sienta en una cómoda banca a leer. Todo le parece igual: muertes, robos, corrupción, partidos ganados y perdidos, moda, ente otras cosas.
Se detiene por un momento en la página de clasificados y mira un anuncio que se le hace muy familiar éste dice:
“ MADERAS DEL NORTE
Venta de madera de pino, roble y cedro
Informes: 358-965-51 preguntar por Ramiro Cruz”
Al ver esto el hombre queda muy intrigado, lleva su mano hasta su bolsillo lleno de lanas y revisa si tiene monedas, efectivamente tiene lo justo para un autobús y le sobran unas pocas.
Cierra el periódico, se para de la banca, lo dobla dos veces y lo agarra muy bien, camina tres metros y deposita sus monedas sobrantes en un teléfono de servicio público, marca el número que encontró en el periódico y espera pacientemente. Finalmente la voz de una dulce mujer le dice:
- Muy buenas tardes, se ha comunicado con Maderas del norte, ¿en qué le puedo servir?
Éste muy asombrado pregunta por el señor Ramiro Cruz, lo comunican y después de unas vagas palabras programan una cita, que se llevará a cabo en una hora.
Se dirige hacia el punto de venta de Maderas del norte, se encuentra con Ramiro Cruz y lo conducen hacia un lugar donde le mostrarán la mercancía.
Entra a un bosque, y en éste solo hay gritos, olores fuertes y sangre, hay sufrimiento y dolor. Juan ya no puede hacer nada, ya es una parte de este bosque.
Después de arreglar su cama, se sienta en ella, abre el libro y encuentra escrito en una de sus páginas:
“Entra a un bosque, y en éste solo hay gritos, olores fuertes y sangre, hay sufrimiento y dolor, Juan camina y sigue caminando hasta que se cae, y le es imposible levantarse, un dolor muy fuerte lo invade, examina su cuerpo y se da cuenta que su pierna no está, grita, huele, y ve la sangre, sufre y está adolorido. Juan hace parte ya, de la decoración del lugar, mira a su alrededor y lo que se suponían que eran arboles ahora son personas igual que él. Juan ya no puede hacer nada, ya es una parte de este bosque.
Mientras tanto, el dueño del bosque se encuentra en su cálida oficina, con sus obedientes secretarias y su noble asistente. Don Ramiro, como lo conocen en el pueblo, se encuentra pensando e ingeniando la manera de hacer un bosque compañero a éste, pero no le encuentra ni forma ni textura. Él recuerda que el bosque pasado ya estaba cuando llegó al poder, y también recuerda que la única manera de hacer otro bosque es preguntándole al dueño pasado cómo fue la construcción del bosque #1, pero lamentablemente para don Ramiro el señor murió.
Entra una chiquilla con su muñeca al bosque, canta y baila la pequeña, hasta que siente que algo la arrastra, le coge fuerte su pequeña manito y no la suelta, ella grita en todo el recorrido hasta que por fin para y siente que no se puede mover, examina su cuerpo y se da cuenta que su mano falta, siente de repente un dolor insoportable. La niña se da cuenta que le brotan raíces de sus pies, y de su cabeza salen un millón de ramas, ella intenta gritar pero su boca ha sido sellada, intenta llorar pero sus ojos se han secado, ya no es una niña, ya es un árbol más.
Don Ramiro duerme, en su cómoda cama, en un colchón que lo hunde hacia otro mundo, unas sábanas que son su ropa y una almohada que es su mente, pero algo despierta a este señor, un recuerdo fuerte, don Ramiro mira a su mujer dormida al lado, junto a ella hay una energía que le pide que lo abrace y bese, una energía incomprensible pero don Ramiro vuelve a dormir...”
El personaje cierra el libro, termina su suave vino y se duerme.
Al día siguiente, le cuesta mucho trabajo despertarse, empieza por su suave y no muy agradable boca, luego por sus pegajosos ojos y por ultimo por sus tiesas extremidades. Se para de su cama, se prepara un café y se baña. Escoge una camisa verde con rayas blancas, una tela fresca para el nuevo día, un blue jean y unas cómodas zapatillas. No se peina, simplemente se toma su café ya listo con un pequeño trozo de pan y sale al pequeño pueblo.
Camina sin parar, cruza sus mugrosas calles, compra en una tiendita el periódico del día y se sienta en una cómoda banca a leer. Todo le parece igual: muertes, robos, corrupción, partidos ganados y perdidos, moda, ente otras cosas.
Se detiene por un momento en la página de clasificados y mira un anuncio que se le hace muy familiar éste dice:
“ MADERAS DEL NORTE
Venta de madera de pino, roble y cedro
Informes: 358-965-51 preguntar por Ramiro Cruz”
Al ver esto el hombre queda muy intrigado, lleva su mano hasta su bolsillo lleno de lanas y revisa si tiene monedas, efectivamente tiene lo justo para un autobús y le sobran unas pocas.
Cierra el periódico, se para de la banca, lo dobla dos veces y lo agarra muy bien, camina tres metros y deposita sus monedas sobrantes en un teléfono de servicio público, marca el número que encontró en el periódico y espera pacientemente. Finalmente la voz de una dulce mujer le dice:
- Muy buenas tardes, se ha comunicado con Maderas del norte, ¿en qué le puedo servir?
Éste muy asombrado pregunta por el señor Ramiro Cruz, lo comunican y después de unas vagas palabras programan una cita, que se llevará a cabo en una hora.
Se dirige hacia el punto de venta de Maderas del norte, se encuentra con Ramiro Cruz y lo conducen hacia un lugar donde le mostrarán la mercancía.
Entra a un bosque, y en éste solo hay gritos, olores fuertes y sangre, hay sufrimiento y dolor. Juan ya no puede hacer nada, ya es una parte de este bosque.
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