lunes, 20 de junio de 2011

Y si digo que de nuevo soy yo, que la soledad aparece como una sombra y me abraza, que los espejos están empañados de tanta falsedad, que los ojos, las bocas y las manos ya sólo me hacen daño, porque eso es para lo  único que se manifiestan; para herir.


Anoche el frío, el sudor, la mugre y el licor hablaron por sí solos, me mostraron de nuevo esa parte de mí que había olvidado, que prefería olvidar.


Tragué palabras, sentimientos, miradas; de nuevo miré a la luz y la dureza y simpleza apareció.


Y sé que en esas cuestiones de la belleza no gano, es más, ni siquiera me interesa obtener algún puesto o aprobación pero, cuando esa voz interna se manifiesta para recordar ciertas situaciones y expresiones todo se revuelve.


Dejé de escribir cuentos para untar mis escritos de un poco de sentimientos porque está claro para mi que, mis cuentos no son más que fantasías, mundos que algún día quise vivir, que seguramente están muy lejos, en un pulmón, en una carretera, en una alcantarilla, en un atardecer.


Hablaría de tanto pero a la vez de tan poco que las tres personas que me leen se aburrirían, yo me aburriría, el teclado se aburriría. Sí, es que no encuentro ni siquiera lugar en la escritura, es que parece que situaciones tan pero tan pequeñas e insignificantes mueven mi mundo que me aturden y no me dejan escribir.


Debería pagar un psicólogo pero no...

No hay comentarios:

Publicar un comentario